Arquitectura

Cómo alcanzar la eficiencia energética desde una buena planificación arquitectónica

Por 30 noviembre, 2018 Sin Comentarios

La eficiencia energética es una asignatura troncal dentro del ámbito de la sostenibilidad y, como tal, conviene no darle la espalda si no queremos acabar asomados a una crisis medioambiental. Dada la relevancia de la cuestión, en este texto hemos querido saber cómo se puede alcanzar dicha eficiencia desde la planificación y el diseño arquitectónico.

El primer paso consiste en aprovechar las condiciones climáticas del lugar en el que se edifica. Así lo opina Miren León, arquitecta especializada en diseño sostenible y eficiencia energética: “Lo primero que hay que hacer es adaptarse al entorno. No es lo mismo construir un edificio en el Sur de España que en el Norte de Europa. Hay que tener en cuenta el clima y la orientación, pero también los vientos, los obstáculos naturales, la topografía, las precipitaciones y la insolación que se recibe”, resume la arquitecta.

Por otro lado, en el caso de las edificaciones unifamiliares, la arquitecta explica que aquí hay más margen para realizar distribuciones adecuadas al clima, pues los condicionantes urbanísticos permiten adaptarse más a la parcela que las alineaciones en zonas urbanas, que tienden a ser más estrictas. “No obstante, lo principal es intentar conseguir una edificación compacta cuya fachada más larga esté orientada a Sur y controlar la superficie de los huecos en la misma, de manera que se pueda aprovechar la radiación solar en invierno pero también protegerse de ella en verano”, resume Miren León.

Eso en lo relativo a lugares donde las condiciones climáticas no son del todo adversas, pero, ¿cómo conviene planificar un edificio en climas extremos? Tal y como apunta la especialista, la arquitectura tradicional de cada zona proporciona muchas pistas para ello, porque durante años se ha adaptado al clima utilizando materiales locales. Para climas muy fríos en los cuales nuestra demanda de calefacción es muy alta, se deberían construir edificios que maximicen las ganancias de calor y en los cuales las pérdidas energéticas estén limitadas. Por ejemplo, edificios bien aislados, con ventanas con triple vidrio, y que aprovechen la radiación solar como sistema de calefacción pasiva.

Por el contrario, en zonas más cálidas, la demanda energética se convierte en refrigeración a causa de una mayor temperatura exterior y del incremento de radiación solar. “Por lo tanto  la estrategia sería inversa y los edificios deberían minimizar las ganancias de calor mediante protecciones solares en los huecos, etc. y maximizar las pérdidas de calor a través de la refrigeración pasiva”, detalla Miren León.

La importancia de las energías renovables

Alcanzar la eficiencia energética es un objetivo loable que debería estar presente en cualquier proyecto arquitectónico, pero ese planteamiento sirve de relativamente poco si no se acompaña con una política de energías limpias y renovables. En ese sentido, la el Código Técnico de la Edificación ya obliga a que un porcentaje de la demanda total de agua caliente sanitaria del edificios se cubra con energía solar térmica, por lo que podríamos decir que esta energía renovable ya está teniendo una aplicación práctica y amplia.  “La solar es una fuente de energía renovable y limpia, sí, pero con rendimiento variable, ya que depende de la radiación solar. Por eso en ocasiones puede ser necesario el apoyarla con fuentes de energía renovables como una caldera de biomasa”, matiza la arquitecta, que a la vez se hace eco de la popularidad creciente de la de la aerotermia como buena fuente de energía renovable en viviendas unifamiliares.

Derroche por parte del usuario

Junto a la planificación arquitectónica y a las políticas sostenibles, hay una tercera porción en la cuota de responsabilidad que corre de parte del usuario. Diseño y legislación deben ir de la mano de un plan de concienciación ciudadana orientado a que se desperdicie la energía recabada. Pese a que cada vez se van optimizando más el uso de los aparatos de climatización, “una costumbre bastante extendida”, dice Miren León, “es abusar del uso de la calefacción y del aire acondicionado, o utilizarlos a temperaturas mayores que las establecidas en criterios de confort térmico”.

Según la arquitecta, las calefacciones centrales se suelen establecer a temperaturas altas, sobretodo en edificios con población de edad avanzada, y en muchas ocasiones se abren las ventanas durante más tiempo del necesario, con la pérdida energética que eso supone.  “Otras malas costumbres son por ejemplo tapar las microventilaciones de las ventanas en viviendas nuevas (lo que interfiere en todo el ciclo de ventilación del edificio), carecer o no utilizar bien las protecciones solares en los huecos (persianas, toldos, estores, etc.), ventilar demasiado en invierno o cuando aún hace calor en verano, abusar de la iluminación artificial, etc”, enumera la experta.

Coste económico y ambiental

Lo avanzabamos al principio del texto, la mala planificación energética a nivel arquitectónico o el derroche por parte del ciudadano desemboca en un coste medioambiental, pero no solo: a corto plazo, el económico es aún más importante. “Si el edificio no es eficiente energéticamente el coste para el usuario es mayor, sobre todo a largo plazo, ya que tiene que pagar facturas más elevadas (electricidad, agua, calefacción o gas). El precio de la energía tiende a subir, por lo que si se consigue un edificio eficiente, el ahorro a largo plazo es considerable”, resume León.

En paralelo, a medio y largo plazo, la energía que el edificio consume produce una serie de emisiones a la atmósfera y supone un uso de combustibles fósiles cuyo impacto ambiental es considerable. Por lo tanto, en suma, que un edificio sea eficiente energéticamente nos supone un ahorro importante desde el punto de vista económico y ambiental.